Los cohetes que nos descubrieron la playa

La playa se recorría en  lo que tarda en comerse un helado de cucurucho,  o eso creían ellas. Llegaron las fiestas del pueblo y con los cohetes,  y la perra  asustada, una airedale terrier, huyó más allá de los límites pedregosos de la lengua de arena. Al ir tras ella saltamos obstáculos de piedra con mini mejillones que se clavaban en los pies, y descubrimos otra parte de la playa mucho más larga y hermosa. También descubrimos  a la perra asustada debajo de una  gran roca: nos quedamos con ella hasta que se acabaron los cohetes, pobre.

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